lunes, 7 de noviembre de 2011

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen (1)

Sal con una chica que no lee (Por Charles Warnke)

El Malpensante.com

Sal con una chica que no lee. Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívala con trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela.


Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta.

Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe.

Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.

Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato.

Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo countinuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida.

Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza.

No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con la Joyce, con la Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, el que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen (2)

Sal con una chica que lee (Por Rosemary Urquico)

El Malpensante.com

Sal con alguien que se gasta todo su dinero en libros y no en ropa, y que tiene problemas de espacio en el clóset porque ha comprado demasiados. Invita a salir a una chica que tiene una lista de libros por leer y que desde los doce años ha tenido una tarjeta de suscripción a una biblioteca.

Encuentra una chica que lee. Sabrás que es una ávida lectora porque en su maleta siempre llevará un libro que aún no ha comenzado a leer. Es la que siempre mira amorosamente los estantes de las librerías, la que grita en silencio cuando encuentra el libro que quería. ¿Ves a esa chica un tanto extraña oliendo las páginas de un libro viejo en una librería de segunda mano? Es la lectora. Nunca puede resistirse a oler las páginas de un libro, y más si están amarillas.

Es la chica que está sentada en el café del final de la calle, leyendo mientras espera. Si le echas una mirada a su taza, la crema deslactosada ha adquirido una textura un tanto natosa y flota encima del café porque ella está absorta en la lectura, perdida en el mundo que el autor ha creado. Siéntate a su lado. Es posible que te eche una mirada llena de indignación porque la mayoría de las lectoras odian ser interrumpidas. Pregúntale si le ha gustado el libro que tiene entre las manos.

Invítala a otra taza de café y dile qué opinas de Murakami. Averigua si fue capaz de terminar el primer capítulo de Fellowship y sé consciente de que si te dice que entendió el Ulises de Joyce lo hace solo para parecer inteligente. Pregúntale si le encanta Alicia o si quisiera ser ella.

Es fácil salir con una chica que lee. Regálale libros en su cumpleaños, de Navidad y en cada aniversario. Dale un regalo de palabras, bien sea en poesía o en una canción. Dale a Neruda, a Pound, a Sexton, a Cummings y hazle saber que entiendes que las palabras son amor. Comprende que ella es consciente de la diferencia entre realidad y ficción pero que de todas maneras va a buscar que su vida se asemeje a su libro favorito. No será culpa tuya si lo hace.

Por lo menos tiene que intentarlo.

Miéntele, si entiende de sintaxis también comprenderá tu necesidad de mentirle. Detrás de las palabras hay otras cosas: motivación, valor, matiz, diálogo; no será el fin del mundo.

Fállale. La lectora sabe que el fracaso lleva al clímax y que todo tiene un final, pero también entiende que siempre existe la posibilidad de escribirle una segunda parte a la historia y que se puede volver a empezar una y otra vez y aun así seguir siendo el héroe. También es consciente de que durante la vida habrá que toparse con uno o dos villanos.

¿Por qué tener miedo de lo que no eres? Las chicas que leen saben que las personas maduran, lo mismo que los personajes de un cuento o una novela, excepción hecha de los protagonistas de la saga Crepúsculo.

Si te llegas a encontrar una chica que lee mantenla cerca, y cuando a las dos de la mañana la pilles llorando y abrazando el libro contra su pecho, prepárale una taza de té y consiéntela. Es probable que la pierdas durante un par de horas pero siempre va a regresar a ti. Hablará de los protagonistas del libro como si fueran reales y es que, por un tiempo, siempre lo son.

Le propondrás matrimonio durante un viaje en globo o en medio de un concierto de rock, o quizás formularás la pregunta por absoluta casualidad la próxima vez que se enferme; puede que hasta sea por Skype.

Sonreirás con tal fuerza que te preguntarás por qué tu corazón no ha estallado todavía haciendo que la sangre ruede por tu pecho. Escribirás la historia de ustedes, tendrán hijos con nombres extraños y gustos aún más raros. Ella les leerá a tus hijos The Cat in the Hat y Aslan, e incluso puede que lo haga el mismo día. Caminarán juntos los inviernos de la vejez y ella recitará los poemas de Keats en un susurro mientras tú sacudes la nieve de tus botas.

Sal con una chica que lee porque te lo mereces. Te mereces una mujer capaz de darte la vida más colorida que puedas imaginar. Si solo tienes para darle monotonía, horas trilladas y propuestas a medio cocinar, te vendrá mejor estar solo. Pero si quieres el mundo y los mundos que hay más allá, invita a salir a una chica que lee.

O mejor aún, a una que escriba.

martes, 1 de noviembre de 2011

Como conocí a vuestra madre.


Ah, Ted Mosby, soltero en desesperada necesidad de su alma gemela. Un tipo de buen corazón, constantemente introspectivo, incurablemente romántico aunque algo bobo, con muy mala suerte con el sexo opuesto, pero que cree ciegamente en el destino. En muchas maneras me identifico bastante con Ted, claro que la gran diferencia es que Ted tiene la enorme ventaja de que sabemos que, en su vida romántica, el final es muy feliz. ¿Y yo? Pues, está por verse.

… … …
Por un lado, está la Calabaza Putilla. Esa chica con tanto encanto que la fantasía te dura años... vaya, en el caso de Ted duró 10 años! Pero, finalmente, termina por no ser la indicada. Ni cerca, realmente! Pero bueno, de todo se aprende, y fue mágico mientras duró la ilusión, pero yo no quiero ésto, yo necesito algo más.

… … …
Por otro lado, está Victoria. Esa chef de pasteles maravillosa, por la quien tienes que luchar, la que tienes que buscar hasta el cansancio hasta lograr entrar en su vida, pero cuando eso sucede es muy tarde porque se te va. La distancia los separa, la vida te juega un mal truco y las cosas simplemente no se dan. La realidad es que nunca sabrás lo que pudo ser, y siempre siempre te lo preguntarás. Aun cuando lo superes, jamás lo superarás. Parte de ti vivirá siempre con la duda del what if, pero a fin de cuentas simplemente no se dió puesto que no estaba en el Gran Plan para tu vida.

… … …
Y luego, finalmente, está Robin. Al principio parece ser la indicada. Parece perfecta. El tiempo se encarga, sin embargo, de revelar facetas diferentes de esas relaciones, estableciendo la amistad en primer plano y dejando el romance atrás. Excepto que el romance nunca queda por completo atrás. Talvez siempre existirá algún vestigio de esa chispa, pero con toda certeza se puede asegurar que ella no es la media naranja.

… … …
La realidad es que, como a Ted, ésto de ser soltero no se me da muy bien. Yo quiero todo eso que viene con una relación. Quiero las riñas, quiero los momentos a solas, quiero pasear a sus perros, quiero extrañarla, quiero hacer planes a corto plazo para lo que cenaremos hoy o lo que haremos mañana, y quiero planes a largo plazo que sabemos que talvez nunca se cumplirán pero que se siente bonito hacer. Quiero todo eso con una persona que se sienta de verdad afortunada por estar conmigo. Quiero a alguien a quien pueda presumir a mis amigos, pero quiero que ni siquiera sea necesario puesto que ya se conocen bien y se llevan de maravilla. Yo quiero ser la persona que ella imaginaba cuando era niña, y hacerla feliz como ella no sabía que podía serlo. Quiero una relación tan bonita que si la vieras en una película dirías, "Por favor, eso no pasa en la vida real". Quiero sorprenderme pensando en ella cuando no está. Quiero... no, necesito estar verdaderamente enamorado de una chica increíble que, por razones más allá de mi razonamiento, esté igual de loca por mi de lo que yo por ella.


Caramba. Hay que pensar positivo. ¿Talvez sea solo cuestión de tiempo? ¿Talvez todo llega a su debido momento? Solo me queda esperar que así sea.

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De momento no me queda más que jugarla de Barney Stinson. Soltero empedernido y autoproclamado legendariamente genial, cuya prioridad #1, 2 y 3 es, precisamente, él mismo. Así es, tristemente, de mientras no me queda más que vivir para mi mismo, sobrevivir con las cartas que la vida me ha dado para jugar en este momento. No queda más que ser Barney hasta que la vida me permita un día ser Ted.

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When I'm sad, I stop being sad
and be awesome instead.

True story.

lunes, 24 de octubre de 2011

This Is Why You’re My Best Friend

By RYAN O'CONNELL

We’re best friends because you get it. I’m not sure what that means (it’s all so vague) but whatever it is, you have it. I don’t need to explain anything to you or worry if you’ll get the joke. You already got it and are on your way to making the next one. Thanks, babe! You really make socializing a lot easier for me.

We’re best friends because you love me even when I’m terrible. It’s easy to love someone when they’re doing well, it’s easy when there’s nothing but happiness and good vibes. The real challenge comes when everything is crap. You’re not a fun person to be around, people are screening your number and you’re a damn social pariah. But you don’t care. Even at my most Carrie Bradshaw, you’re still down to get brunch with me and talk about dicks.

We’re best friends because I can take you anywhere and you’ll adapt. Whether it’s the chicest party or some insufferable family gathering, you’ll deal with it like a champ. I don’t have to worry about leaving you alone or keeping you entertained. You go do your thing. I do mine. Let’s meet back at the bar in an hour.

We’re best friends because you never make me uncomfortable. I think about most of my friends and realize that they’ve made me feel weird at some point in our friendship. Whether it’s from an awkward silence or an off-color remark, I’ve felt unsure about them. Not you though. I always know that you make sense and that this makes sense.

We’re best friends because we can go for long stretches of time without talking and it won’t damage the relationship. We always pick up where we left off. Surfaces changes mean nothing to us. You could become a vegan who goes by Moonshadow and attends Burning Man, and I would still feel closer to you than anyone else. We don’t need common interests in order to connect. We don’t need a mutual love of music or sports or whatever to keep us together.

We’re best friends because you don’t get resentful or jealous if I get into a relationship or land an amazing job. I mean, maybe you are and that’s fine. The important thing is that you keep it to yourself like a best friend should.

You’re my best friend because you’re not afraid to call me out on my crap or disagree with me. I can’t get away with anything when I’m with you. You’ll tell me things that I need to hear but everyone else is too afraid to tell me. Your honesty is so damn refreshing albeit a bitter pill to swallow sometimes.

We’re best friends because you make feel less alone in this psycho, flaky world. It’s amazing how often you can feel disconnected from people. It’s amazing how many people can betray you, or fail to understand the words that are coming out of your mouth. When I see you, it’s a burst of reassurance that I’m not the only who looks at the world this way. There’s someone else. And that someone is you.


(I want this.)

jueves, 20 de octubre de 2011


This is my passion.  This is my life.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Midnight In Paris.



"There has never been an age that did not applaud the past and lament the present."
- Lillian Eichler Watson

El otro día veía una película de Woody Allen llamada Midnight In Paris. La historia se desenvuelve en tres épocas distintas puesto que el personaje principal, un escritor para películas de Hollywood en proceso de escribir una novela, es llevado atrás en el tiempo, partiendo de la actualidad, pasando hacia la década de 1920, y brevemente hacia la llamada Belle Epoque– París al término del siglo XIX. Al comenzar sus viajes en el tiempo, que por cierto suceden después de la media noche y a través de los personajes históricos a los que conoce, comienza a percatarse de los bemoles que existen en su relación con su prometida, así como en las diferencias entre los planes de cada uno para el futuro, lo cual le lleva a cuestionar su relación, el curso de su vida juntos, y finalmente a sí mismo.

El motivo por el cual escribo ésto hoy termina siendo la gran moraleja de la película, siento yo. El mensaje final hacia el cual el protagonista es llevado es simple. Es sencillo ver la belleza del pasado, particularmente cuando es un pasado del cual solo haz leído y que nunca haz vivido.  Sin embargo, a pesar de que hoy el presente se siente trillado, mañana se considerará bello y clásico.

Sencillo es ver la belleza del ayer.  Menos sencillo es ver toda la belleza del presente.  Y la verdad es que, algún día, tu aburrido presente será el maravilloso pasado de alguien. Además, como bien se ilustra en el filme, aquel pasado por el cual añoras fue un día el presente aborrecido por muchos.

Nadie nunca está por completo a gusto con su propio presente. El pasado tiene una falsa ilusión de maravilla y romanticismo que a muchos nos convence a pensar que estaríamos mejor en otro tiempo. Sin duda yo me he sentido así muchas veces. Es solo hasta ahora que me doy cuenta de que, en primera, no estoy solo al sentir esta nostalgia por el pasado conocida como el síndrome de la edad de oro; en segunda, que la sensación no es más que una ilusión. La felicidad tuya y mía ha de buscarse en el aquí y en el ahora.

Al final del día, me llevo una buena lección. Seguramente algunas épocas son más bonitas que otras, pero, sea o no cierto que el pasado es mejor que el presente, vivir en el pasado no es una opción. Lo más que uno puede hacer es encontrar exactamente qué aspecto del pasado es que amas, hacer un esfuerzo por traer una parte de eso hacia tu presente, y vivir tu vida el día de hoy como si ese vivir fuera a propósito.