jueves, 21 de noviembre de 2013
Abandono punto com.
Ésto es lo que le pasa a un blog cuando se pierde el gaudio y solo queda lo privatum.
lunes, 21 de octubre de 2013
Todas mis palabras.
Y aunque te puedo hacer volar, nunca te pude enamorar.
Me prometiste tu amor, pero los dos sabemos la verdad.
Y sé que te arrepentirás, pero jamás te quedarás.
Ni por todo el té de China. Ni aunque te cante esta canción.
Ni recorra la Argentina, o te dé mi corazón.
Ni aunque escriba para ti mil canciones más de amor,
Ya no sé que puedo hacer, si hasta me quedé sin voz.
Ahora que me quiero morir me dices que “no eres tú, soy yo”
Y sé que te arrepentirás, pero jamás te quedaras.
Ya no sé que puedo hacer, si hasta me quedé sin voz.
Ya no sé qué más hacer… si esta historia se acabó.
viernes, 27 de septiembre de 2013
Shabat Shalom, baby.
Our story begins on a Sunday afternoon
Just between halfway tree and Spanish town
Where a young boy
Not yet the cock-of-the-walk that he would soon become,
Was lying on the grass and takin' in the sweet and sensuous scent of hibiscus
That languidly lilted along the summer breeze
It was at this precise moment that he saw her.
Her walk was soft and delicate with a thaumaturgical touch
That only a rabbi's daughter could have
Before their eyes had even met
Her luminous lips had already lured him in
Salvation winked with he promise of a briss held at pinnacle
And a congregation of sages bunny hopping and chicken dancing to yiddish mento
Then their eyes linked
An aeon blinked amharic vows were scryed upon their hearts
Just to think this could all be with a frenectomy and a few words of love.
jueves, 29 de agosto de 2013
Sobre el hueco en mi corazón.
Tengo la teoría de que una vez que quieres a alguien, un pedacito de ti se va con ella; ya no te sientes completo, tienes un huequito vacío dentro de ti que te asfixia.
Y nada puede llenarlo, no puedes llenarlo ni con mentiras ni con miedos— aun si te sobran. Lo bonito de querer es lo feliz que ese pedacito de ti puede hacerte si lo ves en la sonrisa de a quien se lo has regalado; lo feo de querer es lo triste que ese huequito que llevas dentro puede hacerte sentir al darte cuenta de que las circunstancias te arrancaron un poquito de lo bueno que hay en ti, y ya no podrás recuperarlo nunca más.
A veces, sin embargo, ocurre una tragedia: piensas que ese pedacito no es suficiente; quieres dar más y más y más, hasta que te quedas con muy poco del gran corazón que llevabas dentro. Tratas de llenar ese enorme hueco con lágrimas, tristezas, miedos y mentiras. No puedes. Necesitas que alguien más te ponga un pedacito suyo en ese agujero negro que ahora te absorbe viva en insomnio.
Y el ciclo se repite.
viernes, 26 de julio de 2013
Nos apagamos lento hasta morir.
Tú y yo nunca ardimos como esas parejas que ves en las películas. Nunca explotamos ni tuvimos fuertes riñas. Nunca discutimos fúricamente, obligando a los vecinos a alertar a las autoridades sobre los gritos de los inquilinos de al lado. Jamás tomé aquella lámpara que estaba sobre la mesa para aventarla contra la pared, ni levanté la silla del comedor para arrojarla hacia al otro lado del cuarto. Nunca me abofeteaste gritándome nombres que de inmediato desearías no haber pronunciado. Nunca me lloró, insultándome para luego rogarme que no me fuera de su lado. Así como nunca me pidió entre lágrimas que me quedara, yo nunca le pedí nada a ella. Nunca peleamos, ni gritamos, ni lloramos.
Es verdad que en nuestra historia jamás sucedieron ninguna de estas cosas. Nuestra historia de final poco memorable nunca concluyó, sino que, como un libro al que le arrancas los últimos capítulos, sencillamente dejó de progresar.
Lo nuestro se fue enfriando poco a poco hasta que murió de soledad. Murió de soledad y de frío. Tú y yo terminamos tan inesperada y calladamente como comenzamos, sin estruendosas señales. Es cierto que fue real, fue bonito, y fue brevísimo. Pero también es cierto que, tras irse apagando lento, un día simplemente se durmió, y despertó muerto.
En su tiempo jamás me percaté, pero hoy al mirar hacia atrás te admito que tanto tú como el cariño que compartimos y tu mismísimo recuerdo simplemente parecen ya no estar ahí.
jueves, 4 de julio de 2013
In my secret life.
Permíteme te confieso sobre la vida secreta que llevo. Y es que durante el día me conoces, pero soy un extraño en paralelo después de dormir. En el día soy nadie, pero en mi vida secreta lo soy todo. Soy todo lo que a la luz del día nunca he sido ni seré. En mi vida secreta soy mucho más encantador, y con una discreta sonrisa logro entrar al corazón de mi amor gitano. Me mira y le miro, y sin decir palabra nos besamos bajo la lluvia.
En mi vida secreta no le extraño, pues nuestra historia nunca terminó. Soy valiente, y hago lo que se necesita para conservarle. Soy el héroe que sale de leyendas y que le merece, y ella la princesa gitana a la que salvo todas las noches. De día nuestra historia terminó hace años en un triste cuento de final poco memorable; ella duerme en los brazos de otro y yo sigo sólo. Pero en mi vida secreta hoy escribimos nuevos cuentos cuya fama pasará de boca en boca a los hijos de nuestros hijos. En mi vida secreta somos eternos e infinitos.
Es verdad que de día vivo sólo y con frío entre tanta gente de verano, y es que la vida es fría cuando cargas un corazón de hielo entre los pulmones. Pero permíteme te confieso que en mi vida secreta todo lo puedo, a nada le temo y nada me falta— ni
ella, ni su amor, ni la felicidad… cuando de día la vida me negó las
tres. Permíteme te confieso que, en mi vida secreta, mi amor gitano y yo estamos juntos y nuestro amor vive un por siempre sin final.
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