Hay dos palabras que sirven solamente para romper corazones y destruir sueños: "Pero" y "pronto".
Qué terrible el pero. Qué cobarde el pronto.
"Pero" es quizás la palabra más decepcionante que conozco. "Estaría bien, pero…", "Quisiera ir, pero…", "Te quiero, pero…". Ese pero solamente sirve para dinamitar lo que alguna vez fue, y para imposibilitar lo que ya nunca será. Es ese pero que nos aleja de la felicidad. Es ese pero que abraza las excusas. Qué terrible y qué tristeza.
"Pronto" es la nostalgia de una esperanza vacía. "Volvamos a vernos, pronto!", "Te escribiré, pronto!", "Sin duda nos veremos… pronto". Pura falsedad. Pura cobardía. La realidad que evadimos al pronunciar ese pronto es que ese día jamás llegará porque sencillamente no queremos que llegue. Porque no es prioridad. Porque en vez de decir mañana— incluso en vez de decir hoy o ahora— decimos solamente pronto, así escapando nuevamente de esas promesas que no tenemos intención de cumplir. El pronto nunca llega.