viernes, 26 de julio de 2013

Nos apagamos lento hasta morir.


Tú y yo nunca ardimos como esas parejas que ves en las películas.  Nunca explotamos ni tuvimos fuertes riñas.  Nunca discutimos fúricamente, obligando a los vecinos a alertar a las autoridades sobre los gritos de los inquilinos de al lado.  Jamás tomé aquella lámpara que estaba sobre la mesa para aventarla contra la pared, ni levanté la silla del comedor para arrojarla hacia al otro lado del cuarto.  Nunca me abofeteaste gritándome nombres que de inmediato desearías no haber pronunciado.  Nunca me lloró, insultándome para luego rogarme que no me fuera de su lado.  Así como nunca me pidió entre lágrimas que me quedara, yo nunca le pedí nada a ella.  Nunca peleamos, ni gritamos, ni lloramos.

Es verdad que en nuestra historia jamás sucedieron ninguna de estas cosas.  Nuestra historia de final poco memorable nunca concluyó, sino que, como un libro al que le arrancas los últimos capítulos, sencillamente dejó de progresar.

Lo nuestro se fue enfriando poco a poco hasta que murió de soledad.  Murió de soledad y de frío.  Tú y yo terminamos tan inesperada y calladamente como comenzamos, sin estruendosas señales.  Es cierto que fue real, fue bonito, y fue brevísimo.  Pero también es cierto que, tras irse apagando lento, un día simplemente se durmió, y despertó muerto.

En su tiempo jamás me percaté, pero hoy al mirar hacia atrás te admito que tanto tú como el cariño que compartimos y tu mismísimo recuerdo simplemente parecen ya no estar ahí.


 

jueves, 4 de julio de 2013

In my secret life.

Permíteme te confieso sobre la vida secreta que llevo.  Y es que durante el día me conoces, pero soy un extraño en paralelo después de dormir. En el día soy nadie, pero en mi vida secreta lo soy todo.  Soy todo lo que a la luz del día nunca he sido ni seré.  En mi vida secreta soy mucho más encantador, y con una discreta sonrisa logro entrar al corazón de mi amor gitano.  Me mira y le miro, y sin decir palabra nos besamos bajo la lluvia.

En mi vida secreta no le extraño, pues nuestra historia nunca terminó.  Soy valiente, y hago lo que se necesita para conservarle.  Soy el héroe que sale de leyendas y que le merece, y ella la princesa gitana a la que salvo todas las noches.  De día nuestra historia terminó hace años en un triste cuento de final poco memorable; ella duerme en los brazos de otro y yo sigo sólo.  Pero en mi vida secreta hoy escribimos nuevos cuentos cuya fama pasará de boca en boca a los hijos de nuestros hijos.  En mi vida secreta somos eternos e infinitos. 

Es verdad que de día vivo sólo y con frío entre tanta gente de verano, y es que la vida es fría cuando cargas un corazón de hielo entre los pulmones.  Pero permíteme te confieso que en mi vida secreta todo lo puedo, a nada le temo y nada me falta— ni ella, ni su amor, ni la felicidad… cuando de día la vida me negó las tres. Permíteme te confieso que, en mi vida secreta, mi amor gitano y yo estamos juntos y nuestro amor vive un por siempre sin final.