sábado, 3 de noviembre de 2007

El ñu, parte II

Me siento de una forma muy... familiar.  No es una buena sensación.  Diría yo, una mezcla entre aburrimiento, frustración, y unas tenues ganas de escribir algo.  Sin embargo, igual que aquella vez, en realidad no sé qué escribir.  Esperemos que esto sea un buen augurio.

Una calurosa tarde, se hallaban corriendo por la Savanna una parvada de avestruces, gráciles y veloces como el viento mismo.  Posiblemente serían unas 8 o 10 avestruces hembras, al espectador no informado.  Pero para aquellos que sabían, eran ocho.  Las ocho.

La sociedad de Avestruces es una comunidad compleja e intricada; cada familia, o clan, está compuesto de varios líderes y un macho alfa, y a su vez el clan esta dividido en varios círculos.  El clan de Avelina estaba compuesto por cerca de 60 miembors, siendo uno de los más grandes e influenciales en toda la Savanna.  Masai era el macho alfa en el clan de Avelina.  Era un macho poderoso, pesando alrededor de 150 kilos y midiendo casi 3 metros de altura.  Su mando era indiscutido, pues ni los más hambrientos predadores se atrevían a acercarse cuando él estaba presente.

Imaginen:
-Una Sociedad en todo el Savanna
   -Varios Clanes dispersos (compuestos de docenas de miembros, cada uno con un macho alfa)
      -Muchos Círculos dentro de un clan (de pocos miembros, cada uno con un líder de círculo)

Struthio, el líder del círculo de Avelina, y macho beta (puesto otorgado por ser hermano de Masai), era más joven y mucho menos impresionante que su hermano mayor.  Los líderes de círculo son siempre machos, y generalmente son fuertes para poder protejer al círculo.  Puesto que éste no era el caso de Struthio, ya que su puesto fue asignado por "palanca", él estaba a cargo de un círculo comprendido de 8 hembras.  Pero no 8 hembras cualquiera.  Se trataba de las 8 hembras más esplendidas del Savanna, y talvez de todo el África.  Éstas eran las Ocho... pero dudo que él lo supiera.

Algunos dirían que era flojo en sus deberes como protector de su círculo.  Sí, descuidaba a su círculo, pero viendolo de un punto de vista muy seco, no era en realidad su grupo.  En la práctica, Avelina era la líder de ese círculo: Las Ocho de Avelina.  Struthio, o "Stu", como se le conocía por todos, ni siquiera veía a su círculo más de un par de veces por semana.  Masai ya le había llamado la atención a Stu anteriormente, pero la verdad es que Avelina no corría ningun peligro.  Solo... corría.

Y así, en efecto, las ocho corrían a gran velocidad por todas aquellas planicies sin cesar, con Avelina a la cabeza, como un espejismo de belleza para que todo espectador quedara en babia.  Y sí, no eran pocos los animales que, al primer vistazo, quedaban atónitos con las Ocho.  Éste era el juego sucio de las Ocho y de Avelina; ellas corrían, atraían a cuanto menso les echara el ojo, y se detenían a pastar, coquetear, seguirles el juego un corto rato, y más temprano que tarde, se iban, dejando a más de una bestia con el autoestima por los suelos y el corazon hecho arena.  Así era y así continuaría siendo por un largo rato.  Y no es que fueran malas aves... digamos que eran jóvenes y bellas (léase: inmaduras).

Fue de ésta forma, y de maña en maña, que la suerte, las estrellas, el destino o lo que fuese, trairía a Avelina al lugar indicado en el momento indicado.

Un buen día, escasas 5 lunas trascurridas desde el inicio de aquella temporada de sequía (cosa que, por cierto, nunca ha sido un evento preocupante para animales tan ágiles como la avestruz), las ocho se encontraban pastando en plena trayectoria de migración.  Posiblemente fue un plan ideado por Avelina para atraer más atención, o posiblemente fue sólo suerte. 

Llevaban escasos minutos descansando en ése lugar cuando, en ése momento, todas avistaron en unísono que un joven ñu de peculiar apariencia se les aproximaba...

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