Cuando la vi otra vez hace unas horas, decidí que una oportunidad desperdiciada habían sido demasiadas, así que me acerqué. La saludé, le hice saber lo bello que me parece su arte, me contó un poco de su vida y yo a ella un poco de la mía. Platicamos quizás 20 minutos, pero en ese tiempo me he percatado de la maravillosa persona que es. Sin embargo, me entristece saber que está muy enferma, y está en manos de Dios cuanto tiempo le quede de vida. Yo a partir de hoy hago lo que a mi me toca para que sus días con nosotros se vuelvan largos años. Ella me ha prometido hacer lo que a ella le toca para el mismo fin.
Eres bellísima persona con una voz de ángel, María Elena Cota. Dios cruzó nuestros caminos por algo, y si está en sus planes, algún día nos volveremos a ver. Hasta entonces, estás en mis oraciones.