"There has never been an age that did not applaud the past and lament the present."
- Lillian Eichler Watson
"There has never been an age that did not applaud the past and lament the present."

El otro día veía una película de Woody Allen llamada Midnight In Paris. La historia se desenvuelve en tres épocas distintas puesto que el personaje principal, un escritor para películas de Hollywood en proceso de escribir una novela, es llevado atrás en el tiempo, partiendo de la actualidad, pasando hacia la década de 1920, y brevemente hacia la llamada Belle Epoque– París al término del siglo XIX. Al comenzar sus viajes en el tiempo, que por cierto suceden después de la media noche y a través de los personajes históricos a los que conoce, comienza a percatarse de los bemoles que existen en su relación con su prometida, así como en las diferencias entre los planes de cada uno para el futuro, lo cual le lleva a cuestionar su relación, el curso de su vida juntos, y finalmente a sí mismo.
El motivo por el cual escribo ésto hoy termina siendo la gran moraleja de la película, siento yo. El mensaje final hacia el cual el protagonista es llevado es simple. Es sencillo ver la belleza del pasado, particularmente cuando es un pasado del cual solo haz leído y que nunca haz vivido. Sin embargo, a pesar de que hoy el presente se siente trillado, mañana se considerará bello y clásico.
Sencillo es ver la belleza del ayer. Menos sencillo es ver toda la belleza del presente. Y la verdad es que, algún día, tu aburrido presente será el maravilloso pasado de alguien. Además, como bien se ilustra en el filme, aquel pasado por el cual añoras fue un día el presente aborrecido por muchos.
Nadie nunca está por completo a gusto con su propio presente. El pasado tiene una falsa ilusión de maravilla y romanticismo que a muchos nos convence a pensar que estaríamos mejor en otro tiempo. Sin duda yo me he sentido así muchas veces. Es solo hasta ahora que me doy cuenta de que, en primera, no estoy solo al sentir esta nostalgia por el pasado conocida como el síndrome de la edad de oro; en segunda, que la sensación no es más que una ilusión. La felicidad tuya y mía ha de buscarse en el aquí y en el ahora.
Al final del día, me llevo una buena lección. Seguramente algunas épocas son más bonitas que otras, pero, sea o no cierto que el pasado es mejor que el presente, vivir en el pasado no es una opción. Lo más que uno puede hacer es encontrar exactamente qué aspecto del pasado es que amas, hacer un esfuerzo por traer una parte de eso hacia tu presente, y vivir tu vida el día de hoy como si ese vivir fuera a propósito.
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