lunes, 28 de noviembre de 2011

Lovers' spit.



All these people drinking lovers' spit

They sit around and clean their face with it

And they listen to teeth to learn how to quit
tied to a night they never met

You know it's time
that we grow old and do some shit

I like it all that way


domingo, 27 de noviembre de 2011

Chasing Amy



“I love you. And not in a friendly way, although I think we’re great friends. And not in a misplaced affection, puppy-dog way, although I’m sure that’s what you’ll call it. And it’s not because you’re unattainable. I love you. Very simple, very truly. You’re the epitome of every attribute and quality I’ve ever looked for in another person. I know you think of me as just a friend, and that crossing that line is the farthest thing from an option you’d ever consider. But I had to say it. I can’t take it anymore. I can’t stand next to you without wanting to hold you. I can’t look into your eyes without feeling that longing you only read about in trashy romance novels. I can’t talk to you without wanting to express my love for everything you are. I know this will probably queer our friendship-no pun intended-but I had to say it, because I’ve never felt this before, and I like who I am because of it. And if bringing it to light means we can’t hang out anymore, then that hurts me. But I couldn’t allow another day to go by without getting it out there, regardless of the outcome, which by the look on your face is to be the inevitable shoot-down. And I’ll accept that...
But I know some part of you is hesitating for a moment, and if there is a moment of hesitation, that means you feel something, too. All I ask is that you not dismiss that-at least for 10 seconds-and try to dwell in it. Alyssa, there isn’t another soul on this f–king planet who’s ever made me half the person I am when I’m with you, and I would risk this friendship for the chance to take it to the next plateau. Because it’s there between you and me. You can’t deny that. And even if we never speak again after tonight, please know that I’m forever changed because of who you are and what you’ve meant to me, which– while I do appreciate it– I’d never need a painting of birds bought at a diner to remind me of.” 
- Holden McNeil (Ben Affleck), Chasing Amy

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Soy una persona.

A veces me siento solo.  A veces temo que, en una vida llena de gente, talvez siempre estaré solo.

El problema, supongo, es que me vengo enterando de que soy y siempre seré tan solo una persona, sin méritos propios, llena de defectos y limitaciones.  Ésto soy, y quizás nunca seré lo que tú quieres que yo sea.

Soy una persona, y no la mitad de una naranja.


lunes, 21 de noviembre de 2011

Jeux d'enfants

Aime-moi.  Cap ou pas cap?

sábado, 19 de noviembre de 2011

Another rant on friendship.

Estoy molesto, me siento enojado.  Realmente no sé cómo empezar, pero supongo que siempre es buena idea iniciar por el comienzo…

No quiero decir que no tengo amigos porque eso no es cierto.  Lo que sí es cierto es que tengo pocos, y algunos a los que considero mis amigos no son muy buenos como tales.  Eso lo digo porque siento que hay varios requisitos básicos que cumplir para ser un buen amigo.

La amistad es algo dinámico, recíproco, y condicionado.  Se trata de dar y recibir.  Si uno deja de darse a sí mismo esperando solo recibir, tarde o temprano se acaba la amistad.  Por supuesto que hay una tolerancia, pero solo se puede llegar tan lejos antes de alcanzar un punto de quiebre.

Se debe de tratar a una persona para lograr establecer una amistad.  Las grandes amistades precisamente se dan después de mucho trato, y si se pierde el trato eventualmente se pierde la amistad.

"¡Chencho y yo podemos pasar eternidades sin vernos y cuando salimos es como si no hubiera pasado ni un día!"

Supongo que tienes razón.  Supongo que en ocasiones la distancia o las circunstancias pueden hacer que ésto se de, pero más bien yo hablo de un patrón constante de abuso a la amistad– porque eso es y nada menos!  Cuando la amistad se vuelve unilateral, cuando todas las atenciones y detalles y esfuerzos provienen de un lado y nunca del otro, eso es nada menos que un abuso de la amistad.  Vaya, eso no es de amigos.

Sea con Dios o sea con amigos, si no hay trato no puede sobrevivir la amistad.  Los buenos amigos se procuran, se interesan el uno por el otro, se apoyan, se sacrifican tanto en su tiempo como en sus esfuerzos.  Si bien uno no puede estar siempre ahi para sus amigos, definitivamente puede estar ahi a veces.  Ocasionalmente!  Qué sé yo, hay que demostrar interés!

Es triste ese momento cuando te das cuenta que tu no eres el mejor amigo de tus mejores amigos.

Divago.  Ya no sé ni lo que escribo.

Saben... talvez yo no soy un gran amigo.  Quizás la culpa no la tienen ellos.  Es posible que yo sea una persona un poco aburrida, molesta, grosera, de flojera o qué sé yo.  A veces me trato de levantar el cuello diciendo que yo le echo ganas y ellos no, pero talvez hay una razón por la cual no consideran que valga la pena echarle ganas.  Supongo que talvez, y solo talvez, la culpa no la tienen mis amigos sino yo, justamente por ser como soy.  Y ese es precisamente el meollo del asunto:  No tengo mejores amigos porque no soy una mejor persona.  Creo que a fin de cuentas no estoy tan molesto....

Estoy triste, me siento solo.

Gone, play on.



This never ending song is scratching
Scratching my brain like a vinyl in desire
This never ending thought is coming and is gone
It's travelling on a plane on my way

And in a highway too
As if I speak for you and I say
That you did those things I did in the past it's true

And in a highway too
In a truck I do keep your stuff in my pocket
Just like I did with the days we flew

This never ending song is coming and is gone
It's travelling on a plane on my way

This never ending song is coming and is gone
It's travelling on a plane on my way

Gone, play on… 

jueves, 17 de noviembre de 2011

Porque puedo escribir, debo escribir.


"Un músico debe hacer música, un artista debe pintar, un poeta debe escribir, si ha de estar en completa paz consigo mismo.  Lo que un hombre puede ser, debe ser... a ésto se le puede llamar el deseo de volverse más y más lo que uno es– de volverse todo lo que uno es capaz de ser."

-Abraham Maslow


lunes, 14 de noviembre de 2011

lunes, 7 de noviembre de 2011

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen (1)

Sal con una chica que no lee (Por Charles Warnke)

El Malpensante.com

Sal con una chica que no lee. Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívala con trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela.


Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta.

Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe.

Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.

Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato.

Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo countinuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida.

Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza.

No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con la Joyce, con la Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, el que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen (2)

Sal con una chica que lee (Por Rosemary Urquico)

El Malpensante.com

Sal con alguien que se gasta todo su dinero en libros y no en ropa, y que tiene problemas de espacio en el clóset porque ha comprado demasiados. Invita a salir a una chica que tiene una lista de libros por leer y que desde los doce años ha tenido una tarjeta de suscripción a una biblioteca.

Encuentra una chica que lee. Sabrás que es una ávida lectora porque en su maleta siempre llevará un libro que aún no ha comenzado a leer. Es la que siempre mira amorosamente los estantes de las librerías, la que grita en silencio cuando encuentra el libro que quería. ¿Ves a esa chica un tanto extraña oliendo las páginas de un libro viejo en una librería de segunda mano? Es la lectora. Nunca puede resistirse a oler las páginas de un libro, y más si están amarillas.

Es la chica que está sentada en el café del final de la calle, leyendo mientras espera. Si le echas una mirada a su taza, la crema deslactosada ha adquirido una textura un tanto natosa y flota encima del café porque ella está absorta en la lectura, perdida en el mundo que el autor ha creado. Siéntate a su lado. Es posible que te eche una mirada llena de indignación porque la mayoría de las lectoras odian ser interrumpidas. Pregúntale si le ha gustado el libro que tiene entre las manos.

Invítala a otra taza de café y dile qué opinas de Murakami. Averigua si fue capaz de terminar el primer capítulo de Fellowship y sé consciente de que si te dice que entendió el Ulises de Joyce lo hace solo para parecer inteligente. Pregúntale si le encanta Alicia o si quisiera ser ella.

Es fácil salir con una chica que lee. Regálale libros en su cumpleaños, de Navidad y en cada aniversario. Dale un regalo de palabras, bien sea en poesía o en una canción. Dale a Neruda, a Pound, a Sexton, a Cummings y hazle saber que entiendes que las palabras son amor. Comprende que ella es consciente de la diferencia entre realidad y ficción pero que de todas maneras va a buscar que su vida se asemeje a su libro favorito. No será culpa tuya si lo hace.

Por lo menos tiene que intentarlo.

Miéntele, si entiende de sintaxis también comprenderá tu necesidad de mentirle. Detrás de las palabras hay otras cosas: motivación, valor, matiz, diálogo; no será el fin del mundo.

Fállale. La lectora sabe que el fracaso lleva al clímax y que todo tiene un final, pero también entiende que siempre existe la posibilidad de escribirle una segunda parte a la historia y que se puede volver a empezar una y otra vez y aun así seguir siendo el héroe. También es consciente de que durante la vida habrá que toparse con uno o dos villanos.

¿Por qué tener miedo de lo que no eres? Las chicas que leen saben que las personas maduran, lo mismo que los personajes de un cuento o una novela, excepción hecha de los protagonistas de la saga Crepúsculo.

Si te llegas a encontrar una chica que lee mantenla cerca, y cuando a las dos de la mañana la pilles llorando y abrazando el libro contra su pecho, prepárale una taza de té y consiéntela. Es probable que la pierdas durante un par de horas pero siempre va a regresar a ti. Hablará de los protagonistas del libro como si fueran reales y es que, por un tiempo, siempre lo son.

Le propondrás matrimonio durante un viaje en globo o en medio de un concierto de rock, o quizás formularás la pregunta por absoluta casualidad la próxima vez que se enferme; puede que hasta sea por Skype.

Sonreirás con tal fuerza que te preguntarás por qué tu corazón no ha estallado todavía haciendo que la sangre ruede por tu pecho. Escribirás la historia de ustedes, tendrán hijos con nombres extraños y gustos aún más raros. Ella les leerá a tus hijos The Cat in the Hat y Aslan, e incluso puede que lo haga el mismo día. Caminarán juntos los inviernos de la vejez y ella recitará los poemas de Keats en un susurro mientras tú sacudes la nieve de tus botas.

Sal con una chica que lee porque te lo mereces. Te mereces una mujer capaz de darte la vida más colorida que puedas imaginar. Si solo tienes para darle monotonía, horas trilladas y propuestas a medio cocinar, te vendrá mejor estar solo. Pero si quieres el mundo y los mundos que hay más allá, invita a salir a una chica que lee.

O mejor aún, a una que escriba.

martes, 1 de noviembre de 2011

Como conocí a vuestra madre.


Ah, Ted Mosby, soltero en desesperada necesidad de su alma gemela. Un tipo de buen corazón, constantemente introspectivo, incurablemente romántico aunque algo bobo, con muy mala suerte con el sexo opuesto, pero que cree ciegamente en el destino. En muchas maneras me identifico bastante con Ted, claro que la gran diferencia es que Ted tiene la enorme ventaja de que sabemos que, en su vida romántica, el final es muy feliz. ¿Y yo? Pues, está por verse.

… … …
Por un lado, está la Calabaza Putilla. Esa chica con tanto encanto que la fantasía te dura años... vaya, en el caso de Ted duró 10 años! Pero, finalmente, termina por no ser la indicada. Ni cerca, realmente! Pero bueno, de todo se aprende, y fue mágico mientras duró la ilusión, pero yo no quiero ésto, yo necesito algo más.

… … …
Por otro lado, está Victoria. Esa chef de pasteles maravillosa, por la quien tienes que luchar, la que tienes que buscar hasta el cansancio hasta lograr entrar en su vida, pero cuando eso sucede es muy tarde porque se te va. La distancia los separa, la vida te juega un mal truco y las cosas simplemente no se dan. La realidad es que nunca sabrás lo que pudo ser, y siempre siempre te lo preguntarás. Aun cuando lo superes, jamás lo superarás. Parte de ti vivirá siempre con la duda del what if, pero a fin de cuentas simplemente no se dió puesto que no estaba en el Gran Plan para tu vida.

… … …
Y luego, finalmente, está Robin. Al principio parece ser la indicada. Parece perfecta. El tiempo se encarga, sin embargo, de revelar facetas diferentes de esas relaciones, estableciendo la amistad en primer plano y dejando el romance atrás. Excepto que el romance nunca queda por completo atrás. Talvez siempre existirá algún vestigio de esa chispa, pero con toda certeza se puede asegurar que ella no es la media naranja.

… … …
La realidad es que, como a Ted, ésto de ser soltero no se me da muy bien. Yo quiero todo eso que viene con una relación. Quiero las riñas, quiero los momentos a solas, quiero pasear a sus perros, quiero extrañarla, quiero hacer planes a corto plazo para lo que cenaremos hoy o lo que haremos mañana, y quiero planes a largo plazo que sabemos que talvez nunca se cumplirán pero que se siente bonito hacer. Quiero todo eso con una persona que se sienta de verdad afortunada por estar conmigo. Quiero a alguien a quien pueda presumir a mis amigos, pero quiero que ni siquiera sea necesario puesto que ya se conocen bien y se llevan de maravilla. Yo quiero ser la persona que ella imaginaba cuando era niña, y hacerla feliz como ella no sabía que podía serlo. Quiero una relación tan bonita que si la vieras en una película dirías, "Por favor, eso no pasa en la vida real". Quiero sorprenderme pensando en ella cuando no está. Quiero... no, necesito estar verdaderamente enamorado de una chica increíble que, por razones más allá de mi razonamiento, esté igual de loca por mi de lo que yo por ella.


Caramba. Hay que pensar positivo. ¿Talvez sea solo cuestión de tiempo? ¿Talvez todo llega a su debido momento? Solo me queda esperar que así sea.

… … …
De momento no me queda más que jugarla de Barney Stinson. Soltero empedernido y autoproclamado legendariamente genial, cuya prioridad #1, 2 y 3 es, precisamente, él mismo. Así es, tristemente, de mientras no me queda más que vivir para mi mismo, sobrevivir con las cartas que la vida me ha dado para jugar en este momento. No queda más que ser Barney hasta que la vida me permita un día ser Ted.

… … …

When I'm sad, I stop being sad
and be awesome instead.

True story.