Traducido del original por GABY DUNN
¿Que hay si, en otro universo, yo te merezco?
Solo escúchame. Hay un filósofo de
los 1890s llamado William James, y él desarrolló una teoría acerca
de “
el multiverso,” el cual sugiere que una serie hipotética de
múltiples universos compone todo lo que pudiera llegar a existir simultáneamente.
¿Me estoy dando a entender? La totalidad del
espacio, tiempo, materia y energía sucede al unísono en diferentes
líneas del tiempo: Es la idea de los universos paralelos. ¿Sí?
Bien, vamos a asumir que ésto del multiverso es real. Luego entonces,
quizás en algún lugar de esos universos infinitos exista uno, o
varios, donde yo te merezco. Talvez hay un universo allá afuera–
sucediendo justo ahora– donde terminamos juntos y en donde, cuando
cierro los ojos por las noches, no sueño en la forma en la que la
gente normal lo hace. En vez estoy viendo destellos de nuestras
vidas en el multiverso. No son simples sueños porque te extraño, ¿verdad? Son visiones científicas y anacrónicas.
En este universo yo no quiero una
familia pero, talvez en otro, soy más del tipo para sentar cabeza.
Talvez hay un universo donde yo sostengo tu mano mientras tú das a
luz a nuestra hija en un cuarto de hospital blanco con flores rosadas
y ositos de felpa en el alféizar de la ventana. Uno donde tomamos
vacaciones familiares y posamos para sosas fotografías en nuestros
trajes de baño de neón sobre la arena de una playa de Florida. Uno
donde nos recostamos a ver una película cursi al final de un largo
día en nuestra enorme y verde casa suburbana una vez que los niños
se hayan dormido.
Talvez hay un universo donde somos
mayores y llevamos a nuestros hijos a la universidad, discutiendo
sobre dónde debemos colocarle su armario o cual póster debe colgar en la
pared. Uno donde le besas la frente y te despides de ella y
conducimos a casa en un silencio alegre y orgulloso, tu mano tomada
de las mía, nuestras argollas matrimoniales brillando. Uno donde
ambos tenemos una cabeza llena de canas y reímos y sonreímos y nos
abrazamos y bebemos limonada en el porche.
Quizás hay un universo donde esa es la
vida que yo quiero. Donde no tengo que dudar de todo y no le temo al
compromiso y al futuro y al amor. Talvez hay un universo sin todo el
ruido en mi cabeza y sin el orgullo que me hace tan ferozmente
independiente y sin el frío en mi corazón que siento puedo encender y
apagar como una muralla de seguridad.
Quizás hay un universo donde soy la
persona indicada para ti. Uno donde yo adoro cada detalle bonito que
haz tenido conmigo sin comenzar a resentirte. Un universo donde
realmente terminas con alguien que te aprecia. Donde nadie se vuelve
tapete para pisotear. Donde ambos podemos deshacernos de nuestro
pasado y curiosidad y feos asuntos. Un universo donde somos felices–
sin preguntarnos si esa felicidad es un retorcido juego de Jenga
listo para derrumbarse ante la más ligera vibración. Un universo
donde estamos cómodos y seguros, y tenemos gatos.
Quizás hay un universo donde nos
quedamos dormidos uno al lado del otro cada noche como cucharillas, como
dos conejitos inocentes– mi rostro hurgado en tu cuello, abrazando
tu calor– y ninguno de los dos quiere algo o a alguien más. Donde
no queremos más, solo nos queremos mutuamente.
Quizás hay un universo donde no
deseamos tanto todo el tiempo y donde estoy satisfecho y donde no me
pregunto si debiese dejarlo todo y mudarme a Japón sin siquiera
decir nada a nadie y donde en punto de mi vida, simplemente puedo
saber que siempre querré regresar a casa y hacer la cena junto
contigo.
Si lo piensas todo así, entonces es
como si ninguno de los dos hubiese hecho algo mal.
Tú me hallaste en el universo
equivocado. Es todo. Ésto es, como dicen, la línea del tiempo más
obscura.
En las demás partes, no no, en los
“demás tiempos”– nosotros en la Guerra Civil, nosotros en el
Antiguo Egipto, nosotros en los 60s del swing– somos felices.
Si esta teoría se sostiene, pues, por
la ley de promedios, tenía que haber un universo– solo
éste– donde no terminamos juntos. Simplemente resulta ser el aqui
y ahora. Si lo piensas así, nada es culpa nuestra.
Así que ves, eso lo explica todo. Ya
no estamos juntos por el multiverso.
¿No es eso reconfortante?
Si estás triste, haz lo que yo y solo
piensa en los otros 'versos. Aquellos en los que yo creo en el amor
y donde no me odio a mi mismo y donde nunca siento la necesidad de
suicidar mis relaciones. Un universo donde sí podemos tener cosas
bonitas. Eso ayuda, ¿verdad?
Y es que pudiste haberme amado por
siempre. Y quizás en otro universo, te dejo hacerlo.