Tú para mi fuiste como un enorme cometa incandescente. Una estrella fugaz. Me tomaste por sorpresa, desprevenido, y sólo pude detenerme, apuntar hacia arriba y decir "¡Mira, qué bello!". Y luego ¡PUF!, te fuiste. Sin más ni más. Sin conceder un sólo deseo. Y jamás volveré a ver algo parecido. Pero aunque sé que no volverás nunca, también estoy seguro de que nunca podré olvidarte. Jamás.

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