"Cada vez que Sumire y yo nos encontrabamos juntos, éramos capaces de hablar por horas y horas sin cansarnos. Los argumentos no se agotaban nunca. Discutíamos de todo con más pasión e intimidad que cualquier pareja de enamorados: de novelas, de paisajes, de palabras, del mundo. Con ella logré olvidar temporalmente el constante fondo de soledad que me acompañó desde siempre. Los confines de mi mundo se dilataron y pude respirar más profundamente."

No hay comentarios:
Publicar un comentario