viernes, 14 de enero de 2011

Conexiones.

Me encuentro en la terminal del aeropuerto de Tijuana, puerta B12, viendo a través de la ventana hacia la pista de despegue y aterrizaje de estos pequeños aviones, uno de los cuales está a punto de llevarme a La Paz, Baja California Sur. Estoy contento!

Reviso el estado general de este pequeño blog, y me alegra ver que por lo menos las últimas seis entradas se encuentran sin comentario alguno. Por un lado, entiendo que no todos los lectores dejan comentarios, pero por otro lado, creo que así se ve mejor.


0 comments. Todo de vuelta a la normalidad.

Mientras espero mi vuelo, no puedo evitar preguntarme sobre los fundamentos más básicos de nuestra existencia. Sé que a ustedes les pasaría lo mismo, es natural. Me pregunto: ¿Cuál es nuestro objetivo aqui en esta vida? Y curiosamente es una pregunta que tiene ya cierto tiempo acechándome, y creo tener una fuerte opinión al respecto. Lo reduzco a ésto: Conexiones.

Desde los lazos que se forman in utero, pasando por las relaciones interpersonales de nuestras vidas, hasta la los vínculos que nos unen a Dios y a la naturaleza y todas esas cosas que puedan imaginarse. Creo que venimos al mundo para relacionarnos.

Por sobre todo, iniciamos nuestras conexiones con la familia y con todos aquellos que aportan a nuestra subsistencia. Hacemos lazos de amor, y creo fuertemente que el propósito de nuestras vidas es encontrar y fortalecer, por encima de las demás, nuestra relación con Dios. Pero creo que todo lo que hacemos está orientado hacia vincularnos a nuestro entorno, a la gente que nos rodea, a aquellas cosas que amamos hacer, ver, experimentar y vivir.

Por ésto, creo que una vida que no promueve las conexiones de las que hablo es una vida desperdiciada. Un hermitaño (todavía existen?) que vive para desarrollar su relación consigo mismo, pienso, se pierde de un mundo de conexiones bellas que la gente vive dia con dia. Y siento que si al final de mis dias, he desarrollado inolvidables relaciones con personas increíbles, me he vinculado con artes y trabajos que valen la pena, y me he acercado a Dios en la medida de lo que me ha sido posible, mi tiempo aquí habrá valido la pena.

Ah, y por cierto, ya estoy en La Paz haciendo justamente eso.

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