escritura de altura/ vive viajando
La última vez que titulé un post de
ésta manera fue ya hace mucho tiempo (hace casi 2 años!), pero dificilmente podía
resistir la oportunidad de bloguear a 30,000 pies de altura. Así
es, escribo ésto en el asiento 2A a bordo del vuelo 752 que sale de
nuestra ciudad capital, procedente del puerto jarocho, rumbo a mi
hogar– cortesía de la amable gente de Volaris.

Justo ahora me percato que realmente me
gusta bastante volar. Y es que me parece muy divertido y emocionante
todo el proceso de principio a fin. Desde llegar a distintos
aeropuertos en ciudades ajenas a la propia, pasar por puntos de
seguridad, tener que retirarte zapatos, cinturón, joyería, vaciar
bolsos-- vaya, desvestirte al tiempo que un buen puño de extraños
hacen lo mismo a tu alrededor solo para apresurarte a vestirte
nuevamente un minuto después, caminar eternas distancias entre una
terminal y otra, ver decenas de personas extrañas de distintas
procedencias y, claro, entre ellas muchas chicas guapas (lo sé, lo
sé, pero es la verdad!). Pasear por la terminal, si el tiempo lo
permite, husmeando entre revistas, chuchulucos y jusguera y media,
ver libros que se antojan comprar por ninguna otra razón fuera de la
misma experiencia del aeropuerto y el viaje (si los compras, no
cuentes con terminarlo; de mi te acuerdas). Luego, ya que el tiempo
apremie, esperar en tu sala asignada a que anuncien tu vuelo, abordar
de forma sumamente ordenada.
Claro, como no mencionar el vuelo
mismo, iniciando desde el despegue a 300 km/hr, pasando por éste
momento en el que me encuentro ahorita de estar en el asiento,
leyendo la revista, oyendo la música o viendo la progamación
televisiva o la película en su defecto, disfrutando de las golosinas
y las bebidas que te dan para elegir durante el viaje. Ah, y en el
mejor de los casos cuando viajas solo, talvez charlando con el
pasajero a tu lado e intercambiando historias y sonrisas, muchas
fingidas y unas cuantas sinceras.

Hay algo muy particular sobre
conocer extraños a los cuales sabes que jamás volverás a ver que
permite cierta sinceridad y apertura que en pocas circunstancias se
da-- claro, todo dentro del contexto de extrema amabilidad que he
notado dentro del contexto del viaje en avión. Y, finalmente, el
inicio del descenso a tu destino, mismo que justo en éste instante
acaba de anunciar la azafata. (Por cierto que las susodichas son en
su mayoría chicas jóvenes y amables aquí en la república,
mientras que al norte, en mi experiencia muy personal, tienden a ser
señoras mayores. Solo un dato curioso.)
Ésta tarde llego a casa
después de un fin de semana muy fuera de la rutina, bastante cansado
y ajetreado, pero sobre todo ampliamente disfrutado. El chiste es ir
a lugares distintos, conocer gente nueva o visitar gente que no ves
seguido, probar cocina distinta, vaya, vivir algo distinto en un lugar distinto. Pero a
mi me parece que cómo llegas es casi tan importante como a dónde
llegas, y si disfrutas el camino pues ya llevas la mitad ganada.
Que lindo es viajar, y por
aire es todavía mejor!