martes, 27 de diciembre de 2011

Extráñame.


Quiero una chica que me salude de forma efusiva cuando tenga mucho tiempo sin verme. 


 ¿Es mucho pedir?

sábado, 24 de diciembre de 2011

Feliz Navidad

Venimos de una rachita de años medio malones, hay que llamarle a las cosas como son.  Hoy estamos a una semana de un 2012, lo cual me pone a meditar un poquito sobre el 2011 del que venimos saliendo.  Nuevos amigos, nuevos proyectos, más tranquilidad, cero desamores.., bueno, cero amores... y por supuesto, un nuevo record para el blog!

Dado a la constancia de la escritura, dado a algunos altibajos emocionales por ahi, y dado a que éste noviembre fue el mes con más posts en toda la historia del blog (exceptuando aquel fatídico septiembre azul), me da orgullo anunciar que este 2011 ha sido el año más productivo y fructífero que éste blog ha visto jamás.

Un brindis por eso!



Una feliz temporada Navideña les deseo, y un mejor año 2012.

This is my december.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Soyunpato dice...

Todo lo que no tengo, también lo tengo.


Tengo un conflicto, y tengo un amor en las orillas del mar que nace en mis ojos desde que tú no los miras. Tengo un vacío lleno de falta de decisiones, tengo una razón, y tengo una vida de desamores.

Tengo un cajón repleto de olvidos, una ventana abierta por la cual me fugo a veces, tengo dos pies y un suelo, tengo todos mis temores. Tengo miedo y tengo vida, tengo un par de alas destruidas.

Tengo todo, y tengo nada, tengo tanto y se me escapa.

Me dueles en el último beso que nunca nos dimos.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Extraño lo que nunca tuve.

Ésta mañana me levanté con un raro sentimiento.  Se siente como extrañar a alguien, pero creo que es más bien como un anhelo.  Es parecido a echar de menos tu cama cuando haz dormido fuera mucho tiempo, o quizás es más como ese deseo que, de pronto y de la nada, te nace por ver a algún amigo que tiene mucho tiempo que no ves.  La diferencia es que yo hoy lo siento por alguien que todavía no conozco.

Es curioso– talvez incluso triste– que seguido me encuentro deseando tener mejores amigos de los que hoy tengo.  Admito que lo que siento no es por falta de méritos en mis amistades actuales, pero en mi soledad a veces pienso lo feliz que me haría tener unos cuantos amigos de esos que ves en el cine y en los sitcoms televisivos.  Ya saben, de aquellos que se la viven juntos, que se apoyan en las buenas y en las malas, y no solo moralmente sino que de verdad les dedican tiempo y esfuerzo a sus amistades.  Quiero de esos amigos que te buscan frecuentemente para pasar tiempo contigo, que de verdad disfrutan tanto tu compañía que prefieren estar contigo que estar solos.  De aquellos que con solo verte saben si algo anda mal, y que te conocen tan bien que saben justo cómo alegrarte o cómo ayudar a mejorar la situación.  Claro, me doy por bien servido con que tan solo te quieran tanto que de verdad les interese (y hablo de un interés genuino) si estás bien o mal.

Chandler Bing y Joey Tribbiani.  Ted Mosby y Marshall Eriksen.  Ryan Atwood y Seth Cohen.  Jerry Seinfeld y George Costanza.  Denny Crane y Alan Shore.  J.D y Turk.  Jerry y Elaine Benes.  Clark Kent y Chloe Sullivan.  Sheldon Cooper y Penny.



Quiero amistades de verdad y a veces siento que no las tengo... pero creo que lo peor es que sí sé cómo debe lucir una de esas.  Casi como si alguna vez hubiera tenido una y me la hubieran quitado.  La deseo, pero es más que eso.  No la imagino, sino que más bien la extraño.

martes, 13 de diciembre de 2011

My bones are broken.

A few months ago, a strange thing happened. I was idling through my bookshelves when I noticed a book my brother had once given me for my birthday. A collection of short stories. Well, I started to re-read one of those stories.

It was about a man who one morning wakes up and cannot bring himself to get out of bed: he shuts his eyes in self defense. He re-examines his life, he is seized with a restlessness. He packs his bags, cuts all ties - he cannot live among the people he knows, they paralyse him. He is moneyed, he goes to Rome, he wants to burrow under the Earth like a bulb, like a root, but even in Rome he cannot escape people from his former life. So he decides to return to the city where he was born and educated but which he cant quite bring himself to call home.

Well, the move doesn’t help, he feels he has no more right to return than a dead man. What can he do?

He desires an extreme solution to his conundrum; he aches for nothing less than a new world, a new language - nothing changes.

Out of indifference and because he cannot think of anything better to do, he decides once more to leave his hometown to do some hitching. A man picks him up, they ride off into the night when bang! the car smacks into a wall. The driver dies. Our man is hospitalised, broken up.


Months pass, his wounds heal, but now he wishes for life. He has a confidence in himself, in things he doesn’t have to explain, things like the pores in his skin. All things corporeal. He can’t wait to get out of the hospital, away from the infirmed and the moribund.


‘I say unto thee, rise up and walk - none of your bones are broken.’ The end.



When I re-read those words ‘Rise up and walk - none of your bones are broken’ I felt a tremendous sadness.


Do you know what the opening line of the story is? ‘When a man enters his thirtieth year, people will not stop calling him young.’ Thirty! I’d been given the book for my thirtieth birthday. ‘The thirtieth year’ by Ingeborg Bachmann.


I had heard, I had been told, I knew all along, even if I didn’t really know, that the great true things are unsurprising. But what did I do back then? I carried on.


I carried on; dutifully. We were the happy couple, Elizabeth and I, that’s how people saw us. But in truth, I did not cherish my wife. And I did not cherish my friends. Or even my children. I just… carried on.

I was a success. I made my way, but with each step I cringed. I was on the backfoot - the defensive. And now, tonight, for the first time I say– my bones are broken. Broken. One day, I will need your help. All of my bones are broken.


–From 'Sleeping Beauty', 2011

lunes, 12 de diciembre de 2011

Blogueando #2:


escritura de altura/ vive viajando


La última vez que titulé un post de ésta manera fue ya hace mucho tiempo (hace casi 2 años!), pero dificilmente podía resistir la oportunidad de bloguear a 30,000 pies de altura. Así es, escribo ésto en el asiento 2A a bordo del vuelo 752 que sale de nuestra ciudad capital, procedente del puerto jarocho, rumbo a mi hogar– cortesía de la amable gente de Volaris.


Justo ahora me percato que realmente me gusta bastante volar. Y es que me parece muy divertido y emocionante todo el proceso de principio a fin. Desde llegar a distintos aeropuertos en ciudades ajenas a la propia, pasar por puntos de seguridad, tener que retirarte zapatos, cinturón, joyería, vaciar bolsos-- vaya, desvestirte al tiempo que un buen puño de extraños hacen lo mismo a tu alrededor solo para apresurarte a vestirte nuevamente un minuto después, caminar eternas distancias entre una terminal y otra, ver decenas de personas extrañas de distintas procedencias y, claro, entre ellas muchas chicas guapas (lo sé, lo sé, pero es la verdad!). Pasear por la terminal, si el tiempo lo permite, husmeando entre revistas, chuchulucos y jusguera y media, ver libros que se antojan comprar por ninguna otra razón fuera de la misma experiencia del aeropuerto y el viaje (si los compras, no cuentes con terminarlo; de mi te acuerdas). Luego, ya que el tiempo apremie, esperar en tu sala asignada a que anuncien tu vuelo, abordar de forma sumamente ordenada.

Claro, como no mencionar el vuelo mismo, iniciando desde el despegue a 300 km/hr, pasando por éste momento en el que me encuentro ahorita de estar en el asiento, leyendo la revista, oyendo la música o viendo la progamación televisiva o la película en su defecto, disfrutando de las golosinas y las bebidas que te dan para elegir durante el viaje. Ah, y en el mejor de los casos cuando viajas solo, talvez charlando con el pasajero a tu lado e intercambiando historias y sonrisas, muchas fingidas y unas cuantas sinceras.



Hay algo muy particular sobre conocer extraños a los cuales sabes que jamás volverás a ver que permite cierta sinceridad y apertura que en pocas circunstancias se da-- claro, todo dentro del contexto de extrema amabilidad que he notado dentro del contexto del viaje en avión. Y, finalmente, el inicio del descenso a tu destino, mismo que justo en éste instante acaba de anunciar la azafata. (Por cierto que las susodichas son en su mayoría chicas jóvenes y amables aquí en la república, mientras que al norte, en mi experiencia muy personal, tienden a ser señoras mayores. Solo un dato curioso.)

Ésta tarde llego a casa después de un fin de semana muy fuera de la rutina, bastante cansado y ajetreado, pero sobre todo ampliamente disfrutado. El chiste es ir a lugares distintos, conocer gente nueva o visitar gente que no ves seguido, probar cocina distinta, vaya, vivir algo distinto en un lugar distinto. Pero a mi me parece que cómo llegas es casi tan importante como a dónde llegas, y si disfrutas el camino pues ya llevas la mitad ganada.


Que lindo es viajar, y por aire es todavía mejor!