Ésta mañana me levanté con un raro sentimiento. Se siente como extrañar a alguien, pero creo que es más bien como un anhelo. Es parecido a echar de menos tu cama cuando haz dormido fuera mucho tiempo, o quizás es más como ese deseo que, de pronto y de la nada, te nace por ver a algún amigo que tiene mucho tiempo que no ves. La diferencia es que yo hoy lo siento por alguien que todavía no conozco.
Es curioso– talvez incluso triste– que seguido me encuentro deseando tener mejores amigos de los que hoy tengo. Admito que lo que siento no es por falta de méritos en mis amistades actuales, pero en mi soledad a veces pienso lo feliz que me haría tener unos cuantos amigos de esos que ves en el cine y en los sitcoms televisivos. Ya saben, de aquellos que se la viven juntos, que se apoyan en las buenas y en las malas, y no solo moralmente sino que de verdad les dedican tiempo y esfuerzo a sus amistades. Quiero de esos amigos que te buscan frecuentemente para pasar tiempo contigo, que de verdad disfrutan tanto tu compañía que prefieren estar contigo que estar solos. De aquellos que con solo verte saben si algo anda mal, y que te conocen tan bien que saben justo cómo alegrarte o cómo ayudar a mejorar la situación. Claro, me doy por bien servido con que tan solo te quieran tanto que de verdad les interese (y hablo de un interés genuino) si estás bien o mal.
Chandler Bing y Joey Tribbiani. Ted Mosby y Marshall Eriksen. Ryan Atwood y Seth Cohen. Jerry Seinfeld y George Costanza. Denny Crane y Alan Shore. J.D y Turk. Jerry y Elaine Benes. Clark Kent y Chloe Sullivan. Sheldon Cooper y Penny.
Quiero amistades de verdad y a veces siento que no las tengo... pero creo que lo peor es que sí sé cómo debe lucir una de esas. Casi como si alguna vez hubiera tenido una y me la hubieran quitado. La deseo, pero es más que eso. No la imagino, sino que más bien la extraño.





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