domingo, 2 de septiembre de 2012

Septiembre una vez más.

Es cierto que algunos amores nunca se van.  Es cierto que todas esas personas que alguna vez fueron dueñas de nuestro corazón se quedan con un pedacito por siempre.

Quizás eso significa que tu corazón se va haciendo más pequeño con el tiempo, no lo sé… pero tiene sentido.  
Quizás es por eso que no he logrado sentir nada tan fuerte como lo que me hice sentir contigo.  
Quizás mi corazón se ha vuelto más duro y más pequeño desde que te entregué aquel rinconcito de él hace ya tres septiembres.

Por otro lado, yo me quedaré por siempre con una parte de ti.  Parte de ti será mía– irrevocablemente mía– por el resto de nuestras vidas.  Por siempre.  Eso es algo que a la vez me reconforta y me atemoriza.

Podría decirse que si una persona se entrega de lleno a otra, aunque sea por un instante, nunca se vuelven a separar del todo.  Para bien o para mal, siempre quedará esa huella indeleble en la otra persona.  Lo que alguna vez entregas ya no puedes recuperarlo.  No del todo. 

Es cierto que algunos amores nunca se van.  Es cierto que ya son tres años desde que te metiste en mi corazón aquel septiembre.  Es cierto que fue un tiempo de tormento agridulce, y es cierto que hoy ya no formas parte de mi vida en lo más mínimo.

Pero tristemente también es cierto que, de algún modo, siempre te llevaré conmigo, así como tú–quieras o no, lo sepas o no– me llevarás siempre contigo.  Por siempre.

No hay comentarios: