jueves, 31 de enero de 2013

Recuerdos aleatorios #3


Recuerdo ir conduciendo contigo ya muy de noche, de vuelta de haber pasado un día muy ameno juntos. Habíamos ido de paseo a algún lugar nada cercano, y en silencio veníamos en el coche contemplando la obscuridad y las estrellas.

"¿Puedo tomarte de la mano?", te pregunté, dudoso.

–Sí.

Y así continuamos nuestro paseo– en silencio y tomados de la mano.

Justo cuando creí que la velada no podía terminar de forma más romántica, me dijiste:

"Sabes... no me gusta este carro que traes."

"Porqué lo dices?", repliqué, extrañado por la forma en la cual eligías romper nuestro silencio.

"Es grande," comenzaste como siempre, muy casualmente. "El otro que traías era más pequeño y, de haber querido, podría haberte frenado con un beso. Ahora me quedas muy lejos."

No supe qué decir, así que no dije nada.  Sin más, continuamos nuestro callado camino bajo las estrellas hasta tu casa.

Estoy seguro que no lo pensaste mucho antes de decirlo, así como estoy seguro de que no te diste cuenta del abismo de separación que hubo entre la simplicidad de tus palabras y la profunda huella que esa noche me dejaron.

Me doy cuenta ahora que nunca volveré a conducir un automóvil grande. No sí puedo evitarlo.

Aún me pregunto si esa noche tan obscura hubiera contado una historia distinta si tan sólo el automóvil hubiera sido un tanto más pequeño. Nunca lo sabré.

domingo, 20 de enero de 2013

Caminamos.


Caminamos porque tenemos toda la vida por delante.

Yo vengo del norte y tú del sur. Nos encontramos en medio del vacío de nuestro todo. Hemos caminado toda una vida para llegar hasta este punto.

Un día, sin dejar de caminar, se cruzaron nuestras miradas y, en ese momento, reflejado en tus ojos pude ver el largo trayecto de tu vida. Reflejado en mis ojos, viste el camino que yo he recorrido a través de todos estos años.

No conozco de amor, te soy franco, pero al verte sentí algo. Al sonreír, creo que lo sentiste tú también.

Nos pasamos por el camino, y sin decir palabra, hicimos lo único que supimos hacer y seguimos caminando. Se cruzaron nuestros caminos y así también nuestras miradas. En silencio, no hicimos más que caminar.

A veces, cuando las noches son calladas, aun creo poder escuchar tus pasos en la distancia. Ahora camino porque he dejado toda mi vida por detrás.



viernes, 18 de enero de 2013

I adore you.



Lost in a daydream of blue, I feel so free
And then it's like I fall from the sky
Everything that I see is you
And you should know
That I'm thinking about
What you said when you held my hand

Oh, I adore you

Now we are older and things disappeared somehow
And I was thinking that maybe
We'd stand a better chance if we met today
I find myself talking to sharks
On my way to an island, and still

I adore you

I was young, I was old
And we were in, we were out
I wanna see, I wanna see it all
I wanna die, I wanna die
Sweetheart, sweetheart
I thought I saw
I thought I saw a light
I see it now, I see it now

jueves, 10 de enero de 2013

Hasta que volvamos a tener rostros.


Dulzura, en este instante que nos ha tocado vivir juntos tomados de la mano, me haz hecho enormemente feliz.  Y más que sólo feliz, haz encendido mi interior con gran emoción– con una chispa de romanticismo.  Te doy gracias por dibujar en mi rostro esta sonrisa.  Es tuya.

Ayer, cuando aún era yo de piedra, platicamos con rostros velados.  Sin poderte ver a la cara, fue solo tu voz la que me atrajo.  Conversamos, y paso a paso se concretó esa atracción mutua.  Mientras no tuvimos rostros, no conocía el dolor.

Pero ya no soy de piedra como ayer fui.  Por más que quise escudarme, te abrí mi corazón y al tocarlo lo reblandeciste.  Ahora recuerdo que el corazón no solo sabe querer, sino también sabe doler.  Ahora recuerdo que el mío conoce más el dolor que la alegría… y ya lo había olvidado.  Pero ya no soy de piedra como fui ayer, y ahora mi corazón reblandecido me duele por ti.

¿Te confieso algo, dulzura?  ¿Puedo contarte algo y juras no decírselo a nadie?  Pasa que ya me han traicionado en el pasado y no sé si pueda tolerarlo de nuevo; no vayas a contar ésto que te confío, por favor:

Yo jamás me he visto soltero.  Siento que no sirvo para eso.  Siempre he creído que soy materia para un excelente novio y que estar en una relación es mi área de especialidad.  Es mi zona de confort.  "Para eso sí soy bueno," me decía a mi mismo.  El problema– y lo siento un problema aterrador– es que ya no estoy tan seguro.

Esos velos con los que nos protegimos ya no están, y ya no podemos recuperarlos.  Ahora hemos tenido rostros, y para mi sorpresa el tuyo es bellísimo.  La atracción mutua se concretó, y ya no podemos volver a ser los de antes.

Sin embargo, no logro estar tranquilo sin tenerte junto a mi.  Al irte, haz borrado la sonrisa que creí mía al conocerte.  Pero nunca lo fue… es tuya, y siempre lo fue.

Y lo peor es que también te haz llevado mi zona de confort.  O si no te la llevaste, me haz hecho extraviarla.  No sé dónde ha quedado, y junto con eso ya tampoco sé más qué es lo que quiero para mi.  Para nosotros.  Ahora me invade la duda y no sé más si me veo o no soltero.  El hecho es de que me acostumbré tanto a estar solo que ya no sé cómo volver a sentirme bien junto a alguien.  Y eso es culpa mía.

Ahora me encuentro entre la espada que yo afilé y la pared que yo construí.  Ahora no tengo a dónde ir, y siento que la culpa es toda mía.  Yo me lo he buscado, perdóname.

Voy a serte franco, dulzura, ya que estamos en confianza: me da miedo quererte.  Mucho.  Cuando te abrí mi corazón, desarrollé sentimientos para las cuales no estaba listo y que aún ahora guardo por ti.  Si te abro más la puerta, siento que el diluvio completo de emociones entrará y ahogará por completo mi corazón.  No sé si pudiera tolerarlo.  No sé si sea prudente seguir en este torrente porqué sé que puede sobrellevarme y terminar por ahogarme.  Lo sé.

Mi problema es que, como dije, ya es tarde para dar marcha atrás puesto que aún ahora guardo sentimientos por ti.  No quiero soltar tu mano y no quiero que tú sueltes la mía.  Temo que este barco se hunde y yo no puedo hacer otra cosa más que seguir tocando mi violín hasta el final.

Tengo mucho miedo y no sé qué hacer.  Quiero dar un paso atrás, pero ya quemé el puente detrás de mi.  Quiero dar un paso hacia adelante pero el camino se ve tan obscuro que no logro ver nada frente a nosotros.

Perdóname, todo ésto es culpa mía.  Te di mi sonrisa y ahora te la haz llevado.  Estoy aqui parado, tengo mucho miedo y por mi vida que no sé qué hacer.  Dime qué hacer.


En este instante que vivimos juntos, me haz hecho enormemente feliz.  Me tomaste de la mano, nos quitamos el velo de la cara y fue bellísimo.  Pero ahora no son los velos sino la distancia la que no me deja ver tu rostro.  Solo se me ocurre decirte que te extrañaré cada día que pase… hasta que volvamos a tener rostros.

domingo, 6 de enero de 2013

Lealtades y secretos.



Les cuento que hace unos meses le compartí un secreto muy personal a una chica que prometió guardarlo.  Para acabar pronto, hizo todo lo contrario.  Fue directamente a revelarlo justamente a la persona que menos debía enterarse.  Era un secreto muy personal, y nadie tenía derecho de saberlo.  Yo se lo compartí, y de corazón siento que me traicionó.

Pero en fin, todo eso ya pasó.  Sin embargo, sí me puso a pensar sobre la naturaleza de las lealtades que se tienen las personas, hasta dónde son capaces de llevarlas, así como sobre la naturaleza de los secretos y sobre el respeto– y la falta del mismo– que se tiene, o debe tenerse, hacia dichos secretos.  Les explico:

En ésta vida hay lealtades entre personas.  La gente tiene jerarquías, y querer violarlas o pasar por encima de ellas es engañarse sólo.  Si quieres confiar un secreto sobre alguien que te gana en jerarquía y si se lo cuentas a alguien que no te tiene jurada esa lealtad, olvídate.

Y eso fue justamente lo que me sucedió a mi.  El secreto que le conté era sobre una amiga de ella, a quien le tenía muchísima más lealtad que a mi.  Me superaba en jerarquía, por lo cual mi secreto no tuvo peso en su escala de conciencia.

Yo lo que vengo a argumentar aquí es que hay cosas que no son tuyas para divulgar.  Guardar un secreto no debiera ser difícil puesto que la información que se nos da en confidencia sencillamente no nos pertenece.  Le pertenece solo a la persona que nos confió el secreto.  Deshacerse de algo que no es nuestro es, a mi parecer, similar a robar.

Encima de eso, divulgar un secreto es una violación a la confianza que nos pusieron al contarnos el secreto, ¿y no es acaso la confianza la base y núcleo de las relaciones humanas?

Lamentablemente, como me enteré ese día hace algunos meses, hay poca gente a quien se le pueda confiar un secreto.  Eso de "te voy a decir pero no le digas a nadie" es una estupidez y una injusticia.  ¿Qué te hace pensar que puedes exigirle a esa persona aquello que tú no fuiste capaz de hacer?  ¿Qué te hace pensar que pedirle silencio a esa persona te exime de culpa ante tu amigo que te confió el secreto?

Entonces, pregúntome yo, ¿a quién he de tenerle esa lealtad?  ¿Quién debe tener la jerarquía máxima?  Algún fantoche argumentaría que a la verdad misma debe jurársele.  Pero más bien esas son preguntas que cada quién ha de responder en su corazón.  Lo que sí es que yo me sentí completamente defraudado con lo que me sucedió, por lo cual les ruego que antes de salir a deshacerse de algo que no les pertenece– antes de contar los secretos ajenos– recuerden que están siendo injustos, y si no pueden guardar secretos ajenos, no esperen que los demás guarden los secretos de ustedes.

Y también recuerden no correr con tijeras.  ¿Saben qué?  Sí, olviden lo demás, más bien recuerden lo de las tijeras.