jueves, 31 de enero de 2013

Recuerdos aleatorios #3


Recuerdo ir conduciendo contigo ya muy de noche, de vuelta de haber pasado un día muy ameno juntos. Habíamos ido de paseo a algún lugar nada cercano, y en silencio veníamos en el coche contemplando la obscuridad y las estrellas.

"¿Puedo tomarte de la mano?", te pregunté, dudoso.

–Sí.

Y así continuamos nuestro paseo– en silencio y tomados de la mano.

Justo cuando creí que la velada no podía terminar de forma más romántica, me dijiste:

"Sabes... no me gusta este carro que traes."

"Porqué lo dices?", repliqué, extrañado por la forma en la cual eligías romper nuestro silencio.

"Es grande," comenzaste como siempre, muy casualmente. "El otro que traías era más pequeño y, de haber querido, podría haberte frenado con un beso. Ahora me quedas muy lejos."

No supe qué decir, así que no dije nada.  Sin más, continuamos nuestro callado camino bajo las estrellas hasta tu casa.

Estoy seguro que no lo pensaste mucho antes de decirlo, así como estoy seguro de que no te diste cuenta del abismo de separación que hubo entre la simplicidad de tus palabras y la profunda huella que esa noche me dejaron.

Me doy cuenta ahora que nunca volveré a conducir un automóvil grande. No sí puedo evitarlo.

Aún me pregunto si esa noche tan obscura hubiera contado una historia distinta si tan sólo el automóvil hubiera sido un tanto más pequeño. Nunca lo sabré.

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