Les cuento que hace unos meses le compartí un secreto muy personal a una chica que prometió guardarlo. Para acabar pronto, hizo todo lo contrario. Fue directamente a revelarlo justamente a la persona que menos debía enterarse. Era un secreto muy personal, y nadie tenía derecho de saberlo. Yo se lo compartí, y de corazón siento que me traicionó.
Pero en fin, todo eso ya pasó. Sin embargo, sí me puso a pensar sobre la naturaleza de las lealtades que se tienen las personas, hasta dónde son capaces de llevarlas, así como sobre la naturaleza de los secretos y sobre el respeto– y la falta del mismo– que se tiene, o debe tenerse, hacia dichos secretos. Les explico:
En ésta vida hay lealtades entre personas. La gente tiene jerarquías, y querer violarlas o pasar por encima de ellas es engañarse sólo. Si quieres confiar un secreto sobre alguien que te gana en jerarquía y si se lo cuentas a alguien que no te tiene jurada esa lealtad, olvídate.
Y eso fue justamente lo que me sucedió a mi. El secreto que le conté era sobre una amiga de ella, a quien le tenía muchísima más lealtad que a mi. Me superaba en jerarquía, por lo cual mi secreto no tuvo peso en su escala de conciencia.
Yo lo que vengo a argumentar aquí es que hay cosas que no son tuyas para divulgar. Guardar un secreto no debiera ser difícil puesto que la información que se nos da en confidencia sencillamente no nos pertenece. Le pertenece solo a la persona que nos confió el secreto. Deshacerse de algo que no es nuestro es, a mi parecer, similar a robar.
Encima de eso, divulgar un secreto es una violación a la confianza que nos pusieron al contarnos el secreto, ¿y no es acaso la confianza la base y núcleo de las relaciones humanas?
Lamentablemente, como me enteré ese día hace algunos meses, hay poca gente a quien se le pueda confiar un secreto. Eso de "te voy a decir pero no le digas a nadie" es una estupidez y una injusticia. ¿Qué te hace pensar que puedes exigirle a esa persona aquello que tú no fuiste capaz de hacer? ¿Qué te hace pensar que pedirle silencio a esa persona te exime de culpa ante tu amigo que te confió el secreto?
Entonces, pregúntome yo, ¿a quién he de tenerle esa lealtad? ¿Quién debe tener la jerarquía máxima? Algún fantoche argumentaría que a la verdad misma debe jurársele. Pero más bien esas son preguntas que cada quién ha de responder en su corazón. Lo que sí es que yo me sentí completamente defraudado con lo que me sucedió, por lo cual les ruego que antes de salir a deshacerse de algo que no les pertenece– antes de contar los secretos ajenos– recuerden que están siendo injustos, y si no pueden guardar secretos ajenos, no esperen que los demás guarden los secretos de ustedes.
Y también recuerden no correr con tijeras. ¿Saben qué? Sí, olviden lo demás, más bien recuerden lo de las tijeras.
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