viernes, 2 de abril de 2010

Post #74/Beginnings Pt.1


Para mi post número 74, he decidido que sería apropiado contar una historia, puesto que, al fin y al cabo, es ése el propósito principal de este rinconcito del internet. Aun no está completa la historia, pero creo que esa se está volviendo mi especialidad recientemente.

En fin, en honor a la 74 entrada de éste blog, les ofrezco...


Beginnings, Parte 1: Becca.

En una tarde no distinta a la de hoy, hace no tanto tiempo, subía a un avión Becca, sin saber a dónde se dirigía.


Rebeca Rioja, una chica de veintitantos, estatura mas o menos baja, belleza de tipo exótica y bien por encima del promedio, pero fuerte de voluntad y con porte y gracia de ligas mayores. De cabello negro y tez morena, Becca había crecido toda su vida junto al mar en una pequeña pero bella ciudad de puerto. Junto a sus padres, quienes a pesar de altibajos seguían unidos y vivían más o menos felices juntos, así como con sus hermanos, con los que se llevaba más o menos bien, Becca era más o menos feliz. Alegre, espontánea, impulsiva sin duda, y con una sonrisa capaz de hundir una flota a veinte mil bajo el mar, o bien de levantar el Titanic de donde yace, no cabe duda que si la conocieran, estarían de acuerdo conmigo cuando digo que estaba fuera del alcance de la mayoría. De nivel socioeconómico alto, nunca había conocido verdadera adversidad, y posiblemente esa misma burbuja de color de rosa que, con el sudor de sus frentes la habían recubierto sus padres en un esfuerzo por darle una vida más fácil y alegre que las que ellos tuvieron, había sido una camisa de fuerza que finalmente entorpecerían su desarrollo y su madurez como mujer.


Fuese lo que fuese, había decidido que no tenía porque tolerar un día más la vida que llevaba. Su novio de 18 meses le había propuesto matrimonio semanas después de haberle sido infiel, jurando su arrepentimiento y su tan reciente epifanía con respecto a sus sentimientos por ella. Las cosas no habían sido iguales ya desde hace tiempo, y ella, dentro de su corazón, sentía que jamás lo serían más. Ya no era tan importante si dicha revelación era sincera o no, pues era ya demasiado tard


El tiempo de incertidumbre y de sufrimiento ya le había costado caro, pues estaba reprobando sus clases y parecía cuestión de tiempo para que la corrieran del trabajo. Por si fuera poco, su relación con su familia, la cual nunca había sido tan cercana para empezar, era ahora más delicada que nunca. Sus padres dificilmente sabían lo que ocurria en su vida, y su hermana y hermano no podían ayudarla en el camino en el que estaba encaminada.


El problema no era solo su situación actual, pues Becca siempre había sido, digamos, frágil emocionalmente. Había estado bajo varios regímenes de tratamiento psiquiátrico los cuales proporcionaba su padre para tratar extraños diagnósticos, mismos que muy probablemente ella nunca había entendido del todo. De un modo u otro, entre sus aflicciones personales, las aspiraciones que se tenían por parte de todos para con ella, y los sucesos recientes, sus problemas habían llegado al punto de obligarla a tomar una decisión fuerte.


A pesar de su impulsividad, subirse a este vuelo era algo realmente descabellado, incluso para sus estándares. Sabía que sus padres no lo entenderían, pero de momento no le importaba. No estaba pensando claramente... o quizá no estaba pensando en lo absoluto.


Al caminar por las escaleras que la llevaban hasta la puerta principal del avión, batallosamente arrastrando sus tres maletas Coach color moradas, en esa tarde nublada similar a la de hoy, hacía memoria de todo lo que dejaba atrás con cada paso que daba. Había empacado su vida dentro de esas maletas. Solo su mejor ropa, solo los ahorros de su vida, solo los recuerdos más gratos. Solo los cachitos de su mundo que quería conservar. Solo lo más importante.


Al sentarse en su pequeño asiento de clase turista, miraba su boleto fijamente, con lágrimas en los ojos, viendo las palabras “New Orleans, Lousiana”, y pensando en lo que le podría esperar en una ciudad de la cual sabía tan poco pero esperaba tanto. Nunca había estado tan nerviosa, ni tan emocionada.


Era la emoción, era la incertidumbre y la confusión, era la ira y la tristeza, era la recientemente hallada libertad de la que gozaba, era todo que la llenaba de pies a cabeza. Era más de lo que estaba acostumbrada a aguantar. Era una nueva vida, y no tenía intención alguna de voltear hacia atrás.


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