Te escribo ésto sóla, en este cuarto alumbrado por dos viejas lámparas de queroseno, sentada en tu sucia mesa de madera pesada que aún se tambalea de la esquina. Es tarde y hace mucho frío, pero te escribo porque necesito decirte que me haces falta. Que te veo en todo lo que hago, que todo me recuerda a ti.
Vengo a escribirte que tu fantasma sigue aqui. Puedo sentirlo a mi alrededor, puedo sentirlo a mi lado, puedo sentirlo en mi interior. No sé explicarlo, pero a veces casi puedo sentirte aquí todavía. Te extraño tanto, y francamente no sé si algún día lo dejaré de hacer.
Tengo frío, estoy sola, estoy triste, los ojos me arden de tanto llorar. Antes lloraba cada que algo me recordaba a ti. Ahora lloro todo el tiempo, sin razón alguna y en cualquier lugar. Es lo primero que hago al despertar y lo último antes de dormir. Estoy tan harta de llorar. Estoy harta de tu ausencia. Te extraño como no tienes idea.
Supongo que lo que trato de decirte es que te odio. Te odio por no estar aqui. Te odio por dejarme con la promesa de una vida juntos. ¿Cómo te atreves a marcharte en la forma en al que lo hiciste? ¿Cómo te atreves a dejarme aqui sóla? En verdad te odio.
Te juro que a veces, cuando me paseo por las calles y sopla el viento, o cuando me quedo en casa viendo hacia afuera por la ventana mientras llueve o mientras sopla, casi puedo imaginarme que estás aqui a mi lado.
Casi puedo imaginar que me dices que sonría, que no esté triste, que me amas. Casi. Creo que nunca me repondré de tu ausencia. Creo que nunca podré recoger todos los fragmentos de mi corazón después de que estalló en diez mil pedazos cuando partiste. Ya no estoy segura si siquiera quiero intentarlo.
¿Para qué quiero mi vida ahora sin ti? ¿Para qué quiero continuar si no estarás tú aqui conmigo? Y aunque quisiera, ¿cómo pudiera hacerlo? Contéstame. ¿Cómo seguir, si prometiste estar siempre a mi lado? Me lo juraste. ¿Cómo te atreves a marcharte?
Asi que ahora, en esas noches de soledad, en esas noches frías cuando me abracen otros brazos y me besen otros labios, cuando no sea tu voz que me susurre amor al oído… puedes estar seguro de que estaré pensando en ti. Puedes estar seguro que nunca nadie podrá llenar ese vacío que dejaste cuando te fuiste.
¿Sabes que podría jurar que el otro día te vi? Hablo en serio, es casi a diario que me parece que sigues aqui. Podría jurar que te siento en el calor del medio día. Podría jurar que casi te escucho en el bullicio del mercado y en el café en la esquina. Te extraño tanto.
Tu fantasma aun permanece aqui, de eso estoy convencida. Me atormenta tu recuerdo, pero es lo único que me queda de ti, y si te soy franca… no quiero que se vaya. Si tu fantasma es lo único que se quedará de ti, que así sea. Si es lo último que me queda de ti, entonces, amor mío, atorméntame por siempre. No te vayas. Te odio. No me dejes aquí sóla.


No hay comentarios:
Publicar un comentario